Los microorganismos del desierto de Atacama, aplicados con tecnología, reducirán el uso de fungicidas sintéticos; alternativa estratégica para reducir el uso de químicos sin comprometer la conservación de la fruta, manteniendo la calidad del producto durante trayectos de hasta 50 días.
En Chile, la fruta puede pasar hasta 50 días en tránsito hacia mercados internacionales, por lo cual, el control de hongos postcosecha es clave para evitar pérdidas significativas. Actualmente, este control se basa en fungicidas químicos, cuyo uso permite sostener la competitividad exportadora y la disponibilidad de alimentos, pero también implica la presencia de residuos en lo que consumimos y potenciales efectos en la salud humana.
Investigadores del Centro de Biotecnología y Bioingeniería (CeBiB), albergado en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la U. de Chile, crearon una formulación natural basada en extremófilos -microorganismos del desierto de Atacama- para enfrentar hongos postcosecha en fruta de exportación.
«La propuesta consiste en desarrollar un revestimiento comestible al que se incorporan moléculas bioactivas obtenidas de microorganismos de ambientes extremos de Chile. Lo innovador -de los microorganismos provenientes del desierto de Atacama- es que busca combinar en un solo producto dos funciones que normalmente se separan: retrasar la maduración de la fruta y, al mismo tiempo, protegerla frente a hongos patógenos», asegura Diego Sandoval, investigador postdoctoral del proyecto.
Los avances ya muestran resultados concretos. De un total de 12 cepas analizadas, tres provenientes del desierto de Atacama concentraron la actividad antifúngica más relevante del proyecto. «Logramos priorizar con bastante claridad las cepas más prometedoras. Además, observamos que bajo ciertas condiciones de estrés estos microorganismos producen nuevas moléculas que aumentan su capacidad antifúngica», destaca Sandoval.
Parte de la innovación del proyecto radica en el uso de organismos, adaptados a condiciones límite como las del desierto de Atacama. «Son una fuente muy interesante de compuestos poco explorados y con alto potencial biotecnológico”, y “presentan un alto potencial de novedad frente a las moléculas conocidas hasta ahora», enfatiza el investigador del Centro de Biotecnología y Bioingeniería.
La investigación, basada en microorganismos del desierto de Atacama, se encuentra en su etapa final, que concluirá en septiembre, y está enfocada en la optimización metodológica. «Se concentrarán las mejores moléculas bioactivas obtenidas y se validarán las fracciones mediante su integración con el recubrimiento, para obtener un resultado tecnológico más sólido y mejor respaldado«, destaca Diego Sandoval.

